Sierra Morena constituye una de las formaciones geológicas más antiguas de la Península Ibérica y sus más de 500 millones de años dan prueba de ello. Esa abultada edad conforma muchos de los paisajes que dominan estas serranías y es que tanto años y tanta exposición a la erosión han moldeado estos montes dándoles formas alomadas que en pocas ocasiones superan los mil metros de altura.
Los berrocales son una formación muy características de la zona y están conformados por bloques de granitos que afloran a la superficie y que son moldeados por procesos químicos y mecánicos. El agua de lluvia penetra a través de sus grietas y provoca erosión convirtiendo la piedra en arena fina.
También el viento produce alveolización, así mismo el agua corre y deja expuesta otras zonas de la piedra que siguen erosionándose y llegando finalmente a tener formas curiosas y únicas como son los bolos (piedras redondeadas).
La vegetación que rodean estos berrocales son principalmente pequeñas encinas, madroños, acebuches y coscojas, que tendrán un porte menor en las partes más altas (debido a los pocos nutrientes que tienen esa zona), mientras que en las partes bajas la profundidad del suelo es mayor y más rica en nutrientes al estar las piedras mucho más alteradas por esos procesos mecánicos y químicos.
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